miércoles, 10 de septiembre de 2014

SALVACIÓN (heb. yeµsûa>, gr. soµteµria)

Salvación (heb. yeµsûa>, gr. soµteµria)
I. En el Antiguo Testamento
El principal término heb. traducido “salvación” es yeµsûa> y los derivados correspondientes. Su significado básico es “introducir en un ambiente espacioso” (cf. Sal. 18.36; 66.12), pero tiene desde el comienzo el sentido metafórico de “liberación de toda limitación” y los medios para llegar a ella; e. d. liberación de los factores que constriñen y limitan. Puede referirse a liberación de una enfermedad (Is. 38.20; cf. vv. 9), de los problemas (Jer. 30.7), o de los enemigos (2 S. 3.18; Sal. 44.7). En la gran mayoría de las referencias Dios es el autor de la salvación. Así, Dios salva a su rebaño (Ez. 34.22); rescata a su pueblo (Os. 1.7) y sólo el puede salvarlos (Os. 13.10–14); no hay otro salvador aparte de él (Is. 43.11). Salvó a los padres de Egipto (Sal. 106.7–10), y a sus hijos de Babilonia (Jer. 30.10). Él es el refugio y el salvador de su pueblo (2 S. 22.3). Salva al pobre y al necesitado cuando no tienen otro que los ayude (Sal. 34.6; Job 5.15). En las palabras de Moisés, “estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy” (Ex. 14.13), tenemos la esencia misma del concepto veterotestamentario de la salvación. Así, conocer a Dios en alguna medida es conocerlo como Dios salvador (Os. 13.4), de modo que las palabras “Dios” y “Salvador” son virtualmente idénticas en el AT. El gran ejemplo normativo de la liberación salvífica divina es el éxodo (Ex. 12.40–14.31). La redención de la esclavitud egp. mediante la intervención de Dios en el mar Rojo fue determinante de toda la subsiguiente reflexión de Israel acerca de la naturaleza y la actividad de Dios. El éxodo fue el molde al cual se incorporó toda la subsiguiente interpretación del drama de la historia de Israel. Se lo expresaba con el canto en el culto (Sal. 66.1–7), se lo relataba (Dt. 6.20–24), se lo representaba en el ritual (Ex. 13.3–16). De manera que la noción de la salvación surgió del éxodo, estampada ideleblemente con la dimensión de los poderosos actos de liberación divina en la historia.
Este elemento profundamente significativo sirvió de base, a su vez, para una contribución veterotestamentaria aun mayor a la idea de la salvación cual es la escatología. La experiencia que tuvo Israel en cuanto a Dios como salvador en el pasado le permitió proyectar su fe hacia adelante, hacia la expectativa de su salvación plena y definitiva en el futuro. Precisamente porque Yahvéh se ha hecho conocer como Señor de todos, creador y sustentador de toda la tierra, y porque es un Dios justo y fiel, un día hará efectiva su total victoria sobre sus enemigos y salvará a su pueblo de todos sus males (Is. 43.11–21; Dt. 9.4–6; Ez. 36.22–23). En el período primitivo esta esperanza de salvación se centra más en la intervención histórica inmediata para la reivindicación de Israel (cf. Gn. 49; Dt. 33; Nm. 23s). En el período profético encuentra expresión en función de un “día de Yahvéh” en el cual el juicio habrá de combinarse con la liberación (Is. 24.19s; 25.6–8; Jl. 2.1s, 28–32; Am. 5.18s; 9.11s). La experiencia del exilio proporcionó tanto una imagen concreta como un marco concreto para la expresión de esta esperanza como un nuevo éxodo (Is. 43.14–16; 48.20s; 51.9s; cf. Jer. 31.31–34; Ez. 37.21–28; Zac. 8.7–13); pero los desalentadores y limitados resultados de la restauración proyectaron la esperanza hacia adelante nuevamente, y la transmutaron en lo que se ha denominado la escatológica-trascendental (Is. 64.1s; 65.17s; 66.22), la esperanza del >olaµm habba<, el nuevo mundo al final de la era presente, en el que el gobierno soberano y el carácter justo de Dios se manifestarán en todas las naciones.

REDENCIÓN, REDENTOR

Redención, Redentor J.I.P.
Redención significa liberación de algún mal mediante el pago de un precio. Es algo más que simple liberación. Los prisioneros de guerra pueden ser liberados mediante el pago de un precio que se llama “rescate” (gr. lytron). El grupo de palabras basado en lytron se formó específicamente para trasmitir esta idea de liberación mediante el pago de rescate. En este círculo de ideas, podemos considerar que la muerte de Cristo fue “un rescate por muchos” (Mr. 10.45).
También podían ser liberados los esclavos mediante un mecanismo de rescate. En la compra ficticia por un dios, el esclavo podía pagar el precio de su libertad al tesoro del templo, y entonces debía pasar por la solemne formalidad de ser vendido al dios “para libertad”. Técnicamente, seguía siendo esclavo del dios, y en consecuencia podía asignársele alguna obligación piadosa. Pero en lo que se refería a los hombres, quedaba libre a partir de ese momento. Alternativamente, el esclavo podía simplemente pagar el precio a su amo. Lo característico de ambas formas de liberación es el pago del precio del rescate (lytron). “Redención” es el nombre que se da a este procedimiento.
Entre los hebreos podemos ver una situación diferente, bien ilustrada en Ex. 21.28–30. Si un hombre poseía un buey peligroso, debía tenerlo guardado. Si se escapaba y corneaba a alguien, de modo que le producía la muerte, la ley era clara: “el buey será apedreado, y también morirá su dueño”. Pero aquí no se trata de un homicidio voluntario o alevosamente premeditado. Por ello está estipulado que puede pagarse un rescate (heb. koµfer). Podía pagar una suma de dinero, y de ese modo redimir su vida prendada.
Otros usos del rescate en la antigüedad se refieren a la redención de la propiedad, etc., pero los tres que hemos detallado son los más importantes. Los tres tienen en común la idea de una libertad asegurada mediante el pago de un precio. Fuera de la Biblia no varía prácticamente el uso. Vemos unos pocos pasajes metafóricos, pero estos sirven para aclarar el significado básico del término. El pago de un precio para obtener la libertad es lo fundamental y característico.
Esto es lo que hace tan útil el concepto para los cristianos primitivos. Jesús les había dicho que “todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Jn. 8.34). Consecuentemente, Pablo se considera “carnal, vendida al pecado” (Ro. 7.14), vendido como bajo un cruel amo de esclavos. A los romanos les recuerda que en épocas pasadas ellos también habían sido “esclavos del pecado” (Ro. 6.17). Desde un punto de vista diferente, los hombres fueron condenados a muerte por su pecado, “porque la paga del pecado es la muerte” (Ro. 6.23). Los pecadores son esclavos. Están condenados a morir. Cualquiera sea el concepto que adoptemos, el mundo antiguo habría considerado que la situación era tal que se hacía necesaria la redención. De no ser así, la esclavitud continuaría y tendría que llevarse a cabo la sentencia de muerte. Contra Pelag ese trasfondo aparece la cruz de Cristo. La cruz es el precio pagado para liberar a los esclavos y poner en libertad al condenado.
Lo que da fuerza a la metáfora es la constante presencia de la idea del pago de un precio. Pero es precisamente esto lo que disputan algunos, que consideran que redención es simplemente otra manera de decir “liberación”. La razón principal por la que así piensan es la existencia de algunos pasajes veterotestamentarios en los que se dice que Yahvéh ha redimido a su pueblo (Ex. 6.6; Sal. 77.14s, etc.), y que sería ridículo pensar que él tenga que pagarle algo a alguien. Pero deducen demasiado. La metáfora no ha perdido su significado (cf. el dicho “vendió cara su vida”). A veces el AT muestra a Yahvéh con tanto poder que toda la potencia de las naciones resulta insignificante en comparación. Pero en esos pasajes no entra el concepto de la redención. Cuando aparece la redención gira en torno a la idea de esfuerzo. Yahvéh redime “con brazo extendido”, hace conocer su fuerza. Dado que ama a su pueblo o redime, pagando él mismo el precio correspondiente. Su esfuerzo se entiende como el “precio” que se paga. Esta es la razón por la cual se emplea terminología redentora.
La voz característica neotestamentaria referida a la redención es apolytroµsis, palabra poco usada en otras partes, comparativamente. La encontramos diez veces en el NT, pero aparentemente sólo ocho veces aparece en el resto de la literatura griega. Es posible que esto indique la convicción de los cristianos primitivos de que la redención lograda por Cristo fue única. No significa, como algunos han querido verlo, que entendían que la redención no era más que “liberación”. Para esto último empleaban términos como rhyomai, ‘rescate’. apolytroµsis significa liberación mediante el pago de un precio, que en este caso fue la muerte expiatoria del Salvador. Cuando leemos acerca de “redención por su sangre” (Ef. 1.7), evidentemente se entiende que la sangre de Cristo es el precio de la redención. Lo mismo ocurre con Ro. 3.24s, “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre”. Aquí Pablo se vale de tres metáforas, la del tribunal de justicia, la de los sacrificios, y la de la manumisión. A nosotros nos interesa la última. Pablo ve un mecanismo de liberación, pero mediante el pago de un precio, la sangre de Cristo. También en He. 9.15 la redención está relacionada con la muerte de Cristo. Además, a veces aparece la mención de precio, pero no de redención, como en las referencias al haber sido “comprados por precio” (1 Co. 6.19s; 7.22s). La idea básica es la misma. Cristo compró a los hombres mediante el precio de su sangre. En Gá. 3.13 el precio de la redención se expresa con las palabras “hecho por nosotros maldición”. Cristo nos redimió al tomar nuestro lugar, al cargar con nuestra maldición. Esto nos hace ver claramente la idea de la sustitución en la redención, idea que a veces se destaca, como ocurre en Mr. 10.45 (“en rescate por muchos”).
La redención no sólo vuelve la mirada al Calvario, sino también hacia la libertad de que gozan los redimidos. “Habéis sido comprados por precio”, dice Pablo, “glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu” (1 Co. 6.20). Precisamente, porque han sido redimidos a ese costo los creyentes deben ser hombres de Dios. Deben mostrar en su manera de vivir que ya no están sujetos al cautiverio del que han sido liberados, y se los exhorta a mantenerse, por lo tanto, “firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gá. 5.1).
Bibliografía. L. Richard, El misterio de la redención, 1966; W. T. Conner, El evangelio de la redención, s/f; H. Ringgren, “Redimir”, °DTAT, 1973, t(t). I, cols. 901–907; J. J. Stamrn, “Kedimir”, °DTMAT, t(t). I, cols. 549–564; W. Mundle, J. Schneider, “Redención”, °DTNT, t(t). IV, pp. 54–69; G. von Rad, Teología del Antiguo Testamento, 1978, t(t). I, pp. 230–234; K. Rahner, “Redención”, Sacramentum mundi, 1974, t(t). IV, cols. 758–776; K. H. Schelkle, Teología del Nuevo Testamento, 1977, t(t). II, pp. 164–181.

LAE, pp. 318ss; L. Morris, The Apostolic Preaching of the Cross³, 1965, cap(s). 1; B. B. Warfield, The Person and Work of Christ, eds. S. G. Craig, 1950, cap(s). 9; O. Procksch, F. Büchsel, en TDNT 4, pp. 328–356; C. Brown et al., en NIDNTT 3, pp. 177–223.

CONVERSIÓN

Conversión
I. Significado de la palabra
Un volverse, o regresar, a Dios. Las principales palabras para expresar esta idea son, en el AT, sûuÆb_ (trad. “volverse”), y en el NT, strefomai (Mt. 18.3; Jn. 12.40: la voz media expresa la cualidad refleja de la acción, cf. el francés “se convertir”); epistrefoµ (usado invariablemente en la LXX para traducir sûuÆb_) y (solamente en Hch. 15.3) el sustantivo relacionado epistrofeµ. epistrefo no se usa en voz pasiva en el NT. sûuÆb_ y epistrefo pueden usarse en forma transitiva e intransitiva: en el AT se dice que Dios vuelve los hombres hacia sí mismo (15 veces); en el NT se dice que los predicadores hacen volver los hombres a Dios (Lc. 1.16s, que se hace eco de Mal. 4.5–6; Stg. 5.19s; prob. Hch. 26.18). El significado básico que expresa el grupo de palabras vinculadas a strefoµ, igual que sûuÆb_, es volver hacia atrás (retornar: así Lc. 2.39; Hch. 7.39) o darse vuelta (media vuelta: así Ap. 1.12). El significado teológico de estos términos representa una transferencia de esta idea al reino de las relaciones del hombre con Dios.
II. El uso en el Antiguo Testamento
El AT habla mayormente de conversiones nacionales, una vez de una comunidad pagana (Nínive; Jon. 3.7–10), en las restantes oportunidades de Israel; aunque también hay algunas referencias a conversiones individuales, además de ejemplos (cf. Sal. 51–13, y los relatos de Naamán, 2 R. 5; Josías, 2 R. 23.25; Manasés, 2 Cr. 33.12s), juntamente con profecías de conversiones mundiales (cf. Sal. 22.27). La conversión en el AT significa, simplemente, volverse a Yahvéh, el Dios del pacto con Israel. Para los israelitas, miembros de la comunidad del pacto por derecho de nacimiento, la conversión significaba volver a “Jehová tu Dios” (Dt. 4.30; 30.2, 10) en plena sinceridad de corazón después de un período de deslealtad a las condiciones establecidas en el pacto. Por lo tanto, en Israel la conversión constituía, esencialmente, la vuelta de los apóstatas a Dios. La razón por la cual los individuos, o la comunidad, tenían que “volver al Señor” era que le habían dado las espaldas y se habían descarriado del camino. Por esta razón los movimientos nacionales de regreso al Señor se caracterizaban frecuentemente por la celebración por parte del gobernante y del pueblo de “un *pacto” que consistía en hacer juntos una nueva y solemne profesión de que en adelante serían enteramente leales al pacto divino que habían guardado muy ligeramente en el pasado (como sucedió bajo Josué, Jos. 24.25; Joiada, 2 R. 11.17; Asa, 2 Cr. 15.12; Ezequías, 2 Cr. 29.10; Josías, 2 Cr. 34.31). La base teológica de estas profesiones públicas de conversión estaba en la doctrina del pacto. El pacto que Dios había hecho con Israel entrañaba una relación permanente; el entregarse a la idolatría y al pecado exponía a Israel al castigo señalado en el pacto (cf. Am. 3.2), pero no podía provocar la anulación del pacto; y si Israel volvía de nuevo a Yahvéh, él se volvía a ellos con bendiciones (cf. Zac. 1.3) y la nación era restaurada y sanada (Dt. 4.23–31; 29.1–30.10; Is. 6.10).
Sin embargo, el AT destaca el hecho de que la conversión comprende más que meras señales exteriores de pesar y de reforma de costumbres. Una verdadera vuelta a Dios bajo cualesquiera circunstancias ha de incluir la humillación personal interior, un verdadero cambio de corazón, y una sincera búsqueda de Dios (Dt. 4.29s; 30.2, 10; Is. 6.9s; Jer. 24.7), y será acompañada por una nueva claridad en el conocimiento de su ser y de sus caminos (Jer. 24.7; cf. 2 R. 5.15; 2 Cr. 33.13).
III. El uso en el Nuevo Testamento
En el NT el vorablo epistrefoµ se utiliza una sola vez de la vuelta a Cristo de un cristiano que ha caído en pecado (Pedro: Lucas 22.32). En otras partes, los que han caído en pecado son exhortados, no a la conversión, sino al arrepentimiento (Ap. 2.5, 16, 21s; 3.3, 19), y las palabras tocantes a la conversión se refieren únicamente a aquella decisiva vuelta a Dios mediante la cual, por la fe en Cristo, el pecador, sea judío o gentil, se asegura la entrada presente en el reino escatológico de Dios, y recibe la bendición escatológica del perdón de los pecados (Mt. 18.3; Hch. 3.19; 26.18). Esta conversión asegura la salvación que Cristo ha traído. Se trata de un acontecimiento que ocurre una sola vez y para siempre, y es irrepetible, como lo indica el uso habitual del aoristo en los modos oblicuos de los verbos indicados. Se describe como un volverse de la obscuridad de la idolatría, el pecado, y el dominio de Satanás, para adorar y servir al Dios verdadero (Hch. 14.15; 26.18; 1 Ts. 1.9) y a su Hijo Jesucristo (1 P. 2.25). Consiste en el ejercicio del *arrepentimiento y la *fe, que tanto Cristo como Pablo vinculan entre sí para resumir entre ambos la demanda moral del evangelio (Mr. 1.15; Hch. 20.21). El arrepentimiento significa un cambio de mente y corazón hacia Dios; la fe significa creer en su palabra y confiar en su Cristo; la conversión abarca ambas cosas. Por lo tanto encontramos el arrepentimiento y la fe ligados a la conversión, el concepto más estrecho con el más amplio (arrepentimiento y conversión, Hch. 3.19; 26.20; fe y conversión, Hch. 11.21).
Aunque el NT registra una serie de experiencias de conversión, algunas más violentas y dramáticas (p. ej. la de Pablo Hch. 9.5ss; la de Cornelio, Hch. 10.44ss; cf. Hch. 15.7ss; la del carcelero de Filipos, Hch. 16.29ss), otras más tranquilas y carentes de espectacularidad (p. ej. la del eunuco, Hch. 8.30ss; la de Lidia, Hch. 16.14), los escritores no muestran mayor interés en la psicología de la conversión como tal. Lucas dedica espacio a consignar tres relatos de las conversiones de Pablo y de Cornelio (Hch. 10.5ss; 22.6ss; 26.12ss; y 10.44ss; 11.15ss; 15.7ss) debido a la gran significación de estos acontecimientos en la historia de la iglesia primitiva, no por algún interés particular en las manifestaciones que las acompañaron. Los escritores conciben la conversión como algo dinámico – no como una experiencia, algo que se siente, sino como una acción, algo que se hace – y la interpretan teológicamente, en función del evangelio al cual el convertido asiente y responde. Teológicamente la conversión significa entregarse a esa unión con Cristo que se simboliza con el bautismo: unión con él en su muerte, lo que trae consigo liberación de la pena y del dommio del pecado, y unión con él en su resurrección de la muerte, para vivir para Dios por intermedio de él y caminar con él en novedad de vida por el poder del Espíritu Santo que mora en el convertido. La conversión cristiana es la entrega incondicional a Jesucristo como divino Señor y Salvador, y esta entrega significa que se reconoce que la unión con Cristo es un hecho real y que la vida debe vivirse en consonancia con esta creencia. (Véase Ro. 6.1–14; Col. 2.10–12, 20ss; 3.1ss.)
IV. Conclusión general
El volver a Dios en cualquier circunstancia, considerado psicológicamente, es un acto del hombre mismo, que elige libremente y que se lleva a cabo en forma espontánea. No obstante, la Biblia deja sentado que es también, en un sentido más fundamental, obra de Dios en él. El AT dice que los pecadores se vuelven a Dios únicamente cuando él los vuelve a sí mismo (Jer. 31.18s; Lm. 5.21). El NT enseña que cuando los hombres lo desean y ponen de su parte para que se cumpla la voluntad de Dios respecto a su salvación, es la obra de Dios en ellos lo que los impulsa a obrar de esa manera (Fil. 2.12s). También, describe la conversión inicial de los incrédulos como resultado de una obra divina en ellos en la cual, por su misma naturaleza, ellos mismos no podrían tener parte, ya que se trata esencialmente de la eliminación de la impotencia espiritual que hasta ese momento les ha impedido volver a Dios: un levantamiento de la muerte (Ef. 2.1ss), un nuevo nacimiento (Jn. 3.1ss), un abrir del corazón (Hch. 16.14), un abrir y darle vista a ojos enceguecidos (2 Co. 4.4–6), y el otorgamiento de entendimiento (1 Jn. 5.20). El hombre responde al evangelio sólo porque Dios primeramente ha obrado en él de esta manera. Además, los relatos de la conversión de Pablo, y diversas referencias al poder de convencimiento que el Espíritu imparte a la palabra que convierte (cf. Jn. 16.8; 1 Co. 2.4s; 1 Ts. 1.5) demuestran que Dios atrae a sí mismo los hombres al influjo de un fuerte, más todavía, un irresistible sentido de compulsión divina. Por ello la costumbre de algunas versiones (av, p. ej.) de expresar el verbo activo “volverse” en forma pasiva, “ser convertido”, aunque sea una traducción mala, representa, sin embargo, buena teología bíblica. (* Regeneración )

Bibliografía. G. Bertram, TDNT 7, pp. 722–729; F. Laubach, J. Goetzmann, U. Becker, NIDNTT 1, pp. 354–362.

ATAR Y DESATAR

Atar y Desatar
 (arm. <‡s\ar y sûƒraµ; gr. deoµ, lyoµ). Términos rabínicos usados en Mt. 16.19 acerca de la autoridad doctrinal de Pedro para declarar lo que está prohibido o permitido; y en Mt. 18.18 en cuanto a la autoridad disciplinaria de los discípulos para condenar o absolver. La autoridad disciplinaria difiere del poder rabínico personal en que es inseparable del evangelio que se proclama; así en Mt. 10.12–15 los discípulos al predicar no pronuncian juicios humanos; y en Mt. 13.30; 22.13, el simbolismo de “atar” significa juicio divino. La autoridad doctrinal es ejercida a través de la enseñanza apostólica (Hch. 2.42) y el ministerio docente (2 Ti. 2.24–26), no indiscriminadamente.
deoµ (solo) se usa simbólicamente en relación al matrimonio (1 Co. 7.29), a los lazos legales (Ro. 7.2), y al servicio de Pablo (Hch. 20.22). lyoµ (solo) se usa con respecto al quebrantamiento de leyes (Mt. 5.19), a los pecados perdonados (Ap. 1.5), y (cf. deoµ) a la liberación (Lc. 13.16).
 Bibliografía. °O. Cullmann, Pedro, discípulo, apóstolo, mártir (en portugués), 1964; °DTNT, t(t). I.
IDB, 1, pp. 438; R. Bultmann, The History of the Synoptic Tradition², 1968; JewE, 3, pp. 215; O. Cullmann, Peter: Disciple-Apostle-Martyr, 1953, pp. 204–206.[1]



[1]Douglas, J. D., Nuevo Diccionario Biblico Certeza, (Barcelona, Buenos Aires, La Paz, Quito: Ediciones Certeza) 2000, c1982.

EL ARREPENTIMIENTO, CONVERSION Y REGENERACIÓN

EL ARREPENTIMIENTO, CONVERSION Y REGENERACIÓN


INTRODUCCIÓN:

El proceso de regeneración del hombre espiritual es similar al crecimiento que tiene físicamente, hasta llegar a la madurez.
Cada etapa de perfección se inicia con un arrepentimiento, el cual debe ser constante en la vida del cristiano.  Vemos como ejemplo las creaciones de Dios las cuales desviándose se le proveía el medio de salvación, también en marcadas épocas, como por ejemplo Noé predicando arrepentimiento para Israel hasta llegar a Juan El Bautista y en nuestro tiempo vemos la tarea del Espíritu Santo convenciendo de pecado, con un solo propósito la reconciliación por medio del Señor Jesucristo.

Comparando una analogía de este proceso.

ARREPENTIMIENTO
CONVERSION
REGENERACIÓN
Engendramiento
Levantarse
Nacimiento
Lavarse
Fructificación
Cambiarse

    
        
ARREPENTIMIENTO   Mar 1:15

Juan el Bautista es el eslabón entre la ley y la gracia como ley redarguyendo de pecado y como la gracia preparando el camino de el Salvador (Juan =Jehová es benigno), en esta etapa El Espíritu Santo trabaja desde afuera, aún no salva pero si trae arrepentimiento.
Traducciones:

 Na-jam -           Pesar estar de duelo, liberarse desembarazarse. (Heb)
 Metanoia -       Cambio de mente, tristeza piadosa (Misterio de piedad) (Gr.)
 Metanoco -      Rechazo por un proceder indeseable (en la mente)
 Metamelomai - Sentimiento de pesar en el corazón.

Según 2Co. 7:10 el arrepentimiento puede venir de dos fuente.

  1. Tristeza de Dios:  Por compungimiento, amor o fe.
  2. Tristeza del mundo: Por fracaso, decepción o perdida, castigo vergüenza, etc.

El verdadero arrepentimiento produce frutos del Espíritu pues son cambios de actitud provocados por Dios. Por ejemplo:  David; Pablo al convertirse; Pedro viendo al Señor ya resucitado.

El arrepentimiento no genuino trae como consecuencia, amargura, resentimiento, envidia, muerte etc. Como algunos ejemplos: Caín, Esau y Saúl.

CONVERSIÓN

 La palabra conversión en su sentido original quiere decir dar un giro en derredor, caminar al lado opuesto, esto nos habla de una acción de hacer constantemente nuevas obras, como el ofrecerse en sacrificio vivo Ro.12:1 y el ofrecer sacrificios a Dios Heb 13:15, Alabanza "Fruto de labios que  confiesan   su nombre" La ayuda mutua que es hacer el bien" y el de Koinonia que es "Compartir lo que tenemos".
Tenemos como ejemplo al hijo pródigo (Luc 15:18) quien al ser convencido de pecado decidió  levantarse   e ir a su Padre, "Nacimiento del Espíritu" Son todos aquellos que toman el arado y ya no ven hacia atrás.
(Efe 2:5,15 4:24 Col 2:13) En este paso es cuando el Espíritu Santo entra a morar en la nueva criatura. (1Ped 1:23)

 REGENERACIÓN
Palingenesia = nueva persona, tiempo en que todas las cosas sean renovadas. Nos habla de un cambio de genes, de un cambio de naturaleza por la constante conversión del Espíritu en la nueva persona  y  por la ministración de la Santa Cena en nuestro cuerpo fundiéndonos y tomando las facultades de la sangre  y el cuerpo de Cristo y así acompañar a Cristo en la Regeneración y ser transformados integralmente.  Esta palabra aparece solamente dos veces en el nuevo testamento en Mat 19:28 y Tit 3:5.  EL regenerado camina según el Espíritu, ahora el Espíritu lo controla y lo dirige hacia Dios, vive en el Espíritu y se le ordena que sea lleno de Él. Rom 8:4,9;14 Efe 5:18

Una comparación de Regeneración y degeneración es Saulo quien se convirtió siendo tal vez lo que Saúl llegó a ser y el cual se perfecciono superando el inicio de Saúl.

Otra comparación es el tabernáculo de Moisés: 

  • Atrio (arrepentimiento) sacrificio del cordero y el lavamiento del mismo en el altar y la fuente de bronce. 

  • Lugar Santo (Conversión) Candelabro de oro: Sello, Bautismo y llenura del Espíritu Santo. Panes de la Proposición: Crecimiento por medio de la palabra sólida. 

  • Lugar Santísimo. (Regeneración) Arca del Pacto: Introducidos en Cristo; Tablas de la ley del Padre; Mana: Haciéndonos inmortales comiéndonos a Cristo; vara de Aarón: Regenerada (Reverdecida) e inmarchitable, símbolo del sacerdocio eterno.

CONCLUSIÓN:
El final de este proceso es comparable con el capítulo 37 de Ezequiel (Valle de los huesos secos) y con  el nacimiento y glorificación de El señor Jesucristo.


martes, 9 de septiembre de 2014

APOSTOL, PROFETA, PROFETISA

Apóstol

Transcripción de la voz griega apostolos, derivada del verbo griego apostello (enviar o despachar). Este verbo se distingue del verbo pempo (otro verbo que significa «enviar») en que involucra la idea de ser enviado con un propósito especial o con autorización oficial. El sustantivo se emplea en el Nuevo Testamento de tres distintas maneras:

1. Designa un: enviado, delegado o mensajero. En Jn.13.16 la palabra no se transcribe sino se traduce «enviado». Cristo es un apóstol de Dios (Heb 3.1; cf. Lc 11.49).  Epafrodito es un apóstol de los filipenses (Fil. 2.25, donde apóstolos se traduce «mensajero», igual que en 2Co.8.23).

2. Designa a un miembro del grupo de los doce que Jesucristo seleccionó para ser de manera especial sus compañeros constantes y los pregoneros iniciales del mensaje del reino de Dios (Mt 10.1–8; Mc 3.14s; 6.13–19, 30; Lc 6.12–16; Hch 1.26; Ap 21.14).

Parece que prevalecía en la mente del colegio apostólico la idea de que el número de doce debía guardarse intacto. Prueba de esto es el hecho de que, después de la muerte de Judas Iscariote, nombraron a otro que ocupara su lugar (Hch 1.15–26). En esta ocasión Pedro especificó los requisitos que había que cumplir para ser apóstol: haber sido  (1) compañero de Jesús durante su ministerio terrenal y  (2) testigo de su resurrección (Hch 1.21, 22).

Pablo cumplía el segundo requisito, pero no el primero. Sin embargo, dijo ser apóstol (1 Co 9.1s; 2 Co 12.12; Gl 1.1; 1 Ti 2.7; 2 Ti 1.11).  Sin embargo, es en el Evangelio de Juan donde se especifica más claramente el papel particular de los apóstoles después de la muerte de Cristo (17.18; 20.21).

Según Juan, el Espíritu Santo les recordará las palabras de Jesús, les «enseñará todas las cosas», les «guiará a toda la verdad», y les «hará saber las cosas que habrán de venir» (14.26; 16.13).

Por tanto, las enseñanzas de los apóstoles son la norma para la doctrina y la vida de la iglesia (Hch 2.42). Pablo da el primer lugar a los apóstoles entre los líderes instituidos en la iglesia (Ef 4.11) y dice que ella está edificada «sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas» (Ef 2.20; cf. Gl 2.9). Jesús anunció que los apóstoles serán jueces en el juicio mesiánico (Mt 19.28) y Apocalipsis declara que sus nombres estarán grabados en los cimientos del muro de la nueva Jerusalén (21.14).

3. Designa en sentido general a maestros y misioneros destacados. Por ejemplo,  Jacobo el hermano del Señor (Gl 1.19), Bernabé (Hch 14.14), Timoteo y Silvano (1 Ts 1.1; 2.6), Andrónico y Junias (Ro 16.7). En 1 Co 15.5, 7 Pablo evidentemente distingue entre «los doce» y «todos los apóstoles». Juan y Pablo nos advierten que hay quienes pretenden ser apóstoles, pero realmente están «disfrazados» (Ap 2.2; 2 Co 11.5, 13).


PROFETA

Terminología
El término hebreo, nabi traducido «profeta», probablemente se deriva de una raíz que significa «anunciar» o «proclamar». El Antiguo Testamento lo aplica a una variedad de personas (Gn 20.7; Éx 7.1; 1 R 17–19; Mal 4.5).

Orígenes
Es sumamente discutido el origen del profetismo en Israel y su posible relación con otros fenómenos semejantes. Varios pasajes hablan de «videntes» y 1Sam. 9.9 sugiere que así se le llamaba originalmente al profeta. Además, había un profetismo «extático» (en trance o posesión) en las religiones cananeas (1R 18.20–40), y es posible que hubiera alguna relación entre este fenómeno y algunas manifestaciones en Israel (1S.19.18–24).

Por otra parte, los grandes profetas (Isaías, Amós, Jeremías) tenían experiencias extáticas (extraordinarias tanto para su tiempo como para nosotros), en las que hallaban un acceso especial a la «palabra de Jehová» y esta llevaba en sí misma una singular señal de autenticidad divina. Indudablemente no se trataba de un trance de absorción, sino de una concentración próxima a la oración, en la que la «palabra» recibida era meditada y articulada por el profeta en un mensaje (Is 10.6ss).

También se ha discutido mucho la relación de los profetas con el culto. Aunque había «bandas» proféticas en los lugares de culto, los profetas del Antiguo Testamento no parecen pertenecer a ellas y en algunos casos evidentemente repudiaron esta dudosa institución (Jer 29.26–30). Entre estos profetas de santuario, ocupados de los detalles y pequeños problemas políticos, y el profeta bíblico, con su visión de la acción de Dios en la historia, había una enorme diferencia.

Sin embargo, es erróneo pensar, basándonos en unos pocos pasajes tomados aisladamente (Am 5.21–24; Is 1.11, 12, 14–17), que los grandes profetas se oponían al culto del templo y al sacerdocio, o a toda religión institucionalizada. Se trataba, más bien, de la crítica a la corrupción del culto, ya fuera por la idolatría o por la injusticia: «No puedo aguantar iniquidad y día solemne» (Is 1.13, VM ofrece la traducción más correcta). Los profetas conocen el culto y a menudo citan su ritual, himnos y oraciones. Algunos (Jeremías, Ezequiel) vienen de un trasfondo sacerdotal y otros (Habacuc, Nahum, Joel) muy probablemente participaban en el culto.

En los libros proféticos de la Biblia tenemos la obra directa de los propios profetas (Is 30.8; Jer 29.1s, entre otros pasajes, muestran que los profetas escribían y no solo anunciaban verbalmente sus oráculos). También hay casos de un testimonio indirecto, como el de Baruc, secretario de Jeremías (Jer 36). Y finalmente, existían escuelas de discípulos de un profetas (por ejemplo, Is 8.16; cf. 50.4) los cuales compilaban sus mensajes.

Características E Historia
Aunque el mensaje de la profecía bíblica se halla principalmente en los libros conocidos como «proféticos», no debemos olvidar el profetismo anterior a Amós, ilustrado por figuras como Natán, Elías, Miqueas (1 R 22.8–38) y Eliseo, cuya función fue anunciar el juicio y la voluntad de Dios principalmente a los reyes. El nombre «profeta» se aplica también a Abraham (Gn 20.7), Aarón (Éx 7.1), María y Débora (Éx 15.20; Jue 4.4) y Moisés (Dt 18.18; 34.10). El profeta bíblico reúne algunas características que se resume bien como «un llamado específico y personal de Dios» (Is 6; Jer 1.4–19; Ez 1–3; Os 1.2; Am 7.14, 15,); la conciencia de la acción de Dios en la historia; la valiente confrontación de reyes, sacerdotes o pueblos con las demandas y el juicio divinos; el uso de medios simbólicos de expresión y el ejercicio de una función intercesora o sacerdotal ante Dios.

La función primordial del profeta es la proclamación de la «palabra de Dios» que ha recibido. El propósito es llamar al pueblo al arrepentimiento y la conversión a Jehová y a su pacto. Su mensaje se relaciona constantemente con sucesos y circunstancias presentes, de orden político, social o religioso. Pero como estas circunstancias son vistas como parte de la acción de Dios en la historia, el profeta no puede dejar de referirse al futuro para anunciar lo que Dios hará, para inducir a la acción y para certificar su mensaje. No hay duda alguna de que la predicación es parte esencial de la función profética, y muchos profetas manifiestan dones especiales de clarividencia y percepción del futuro. Pero, también existen falsos profetas, que apelan a los mismos dones y pretenden tener palabra de Dios. Pasajes como Deuteronomio 13; 18.9–22; Jeremías 23.9–40; Ez 12.21–14.11 sugieren algunos criterios de distinción.

El Mensaje de Los Profetas
Los profetas anuncian de diversas maneras el propósito de Dios que se cumple en la historia del Medio Oriente:

1. «Así dice el Señor». El profeta está consciente de que está al servicio de la palabra de Jehová, que no es un mero anuncio sino la expresión de la voluntad del Dios soberano en acción (Is 55.11; Am 3.8). El profeta no tiene control sobre esta palabra sino que está a su servicio (Jer 20.8b, 9; Am 3.8). Toda su vida, hasta sus gestos y acciones simbólicas, dependen de ella (Is 7 y 8; Os 1).

2. «De Egipto llamé a mi hijo». La misericordiosa y divina elección de Israel para un propósito determinado, y las obligaciones que esa elección impone, están siempre presentes en los profetas. Se expresan con las figuras de padre/hijo (Is 1.2; Os 11); propietario/viña (Is 5.1–7), pastor/rebaño (Is 40.11), alfarero/vasija (Is 29.16; Jer 18) y principalmente esposo/esposa (Is 50.1; 54.5; 62.4, 5; Jer 2.1–7; 3.11–22; Ez 16.23; Os 1–3). La ética social que admiramos en los profetas tiene su raíz en la justicia del pacto.

3. «Se alejaron de mí». La rebelión que denuncian los profetas no es solo de Israel, sino de todas las naciones (Is 10.5ss; Jer 46–51; Ez 25–32; Am 1 y 2). Dios tiene cuidado de todos los pueblos (Is 19.24; Am 9.7), pero Israel tiene un llamado y por tanto una responsabilidad y una culpa especial (Am 3.2). Su rebelión ha sido total muestra de infidelidad (Is 1.4, 5; 2.6–17; 59.1–15; Jer 2.4–13; 5.20–31; Ez 16), y se manifiesta en la corrupción religiosa, en la injusticia social y sobre todo en el vano orgullo y jactancia que conduce a la ruina.

4. «Regresarán a Egipto». Dios ejecutará su juicio, es decir, corregirá el mal castigando al culpable, vindicando al justo y estableciendo justicia. Los profetas ven como juicio divino la catástrofe nacional que se avecina (Is 22.14; 30.12–14; Jer 5.3, 12, 14; Os 4.1; Am 3.1; Miq 6.1ss). No es un acto arbitrario de Jehová, pero Israel es conducido de nuevo al cautiverio (de allí la idea del regreso a Egipto) para restaurar la justa relación con Dios.

5. ¿Cómo te he de abandonar? Para el profeta, aun el juicio inexorable es expresión de la compasión divina (Am 4.6–11). La misericordia (compasión, piedad, Gracia) es, más que una calidad del pacto, la naturaleza misma de Dios (Is 54.7, 8, 10; Jer 3.12; 31.3; Os 11.8ss).

6. «Haré regresar sus cautivos». El juicio es instrumental y disciplinario (Is 1.25; Os 2.14–23; 5.15; Am 4.6–11). Más allá de su ejecución, Dios se propone mantener un remanente fiel que retoñará para cumplir el propósito divino (Is 7.1ss; Ez 27; Am 9.8bss). La segunda parte de Isaías lo anuncia como una segunda creación, un segundo éxodo (51.9–11). Jeremías discierne un nuevo pacto (Jer 31.31–34).

7. «Luz para los gentiles». La restauración no puede limitarse a la historia de Israel. Los profetas miran más allá a una consumación, un Día del Señor que abarcará en juicio y gracia a todos los pueblos (Zac 14.5–9). En esta expectación se inserta el anuncio del «Siervo del Señor», quien inaugurará un nuevo día para las naciones (Is 49.5, 6; 53.4, 5). Esta es la fe final y el mensaje de los profetas (Is 2.2–4; Miq 4.1–3).[1]

Profecías Y Profetas En El Nuevo Testamento
El mensaje de los profetas halla su cumplimiento en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo (Hch 3.24); particularmente en los hechos de la pasión (Lc 24.25–27; Hch 3.18; 1 Co 15.3). La predicación a los judíos partía de esa correlación (Hch 18.28). El Evangelio de Mateo está construido sobre esa base (por ejemplo, 1.22s; 2.5s), pero, más que predicciones en detalle, se trata del propósito redentor de Dios anunciado en los profetas y cumplido en Jesucristo (Jn 6.14; 1 P 2.9s). La promesa del nuevo pacto y del siervo sufriente son los puntos culminantes.

Profetisa Título o distinción que en el Antiguo Testamento se confiere a cinco mujeres. María la hermana de Moisés (Éx 15.20) y Débora la juez (Jue 4.4), quienes cantaron las victorias de Jehová. Hulda, la profetisa a quien el rey Josías mandó consultar cuando halló el libro de la Ley y quien profetizó el juicio de Jehová sobre el pueblo (2 R 22.14–20; 2 Cr 34.22–28). Noadías la profetisa que se menciona entre los adversarios de Nehemías (Neh 6.14). Isaías se refiere a su esposa como profetisa (Is 8.3). Además, también se habla de profetisas falsas (Ez 13.17).  En el Nuevo Testamento el término se aplica a Ana (Lc 2.36). Las cuatro hijas de Felipe profetizaban (Hch 21.9). Apocalipsis 2.20 habla de una seudo profetisa, Jezabel.





[1]Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

LA COBERTURA

LA COBERTURA
MATEO 22:9-4
Cuando se habla de cobertura se está hablando de una persona que a sido delegada por el Padre para poner vestido espiritual sobre otra persona y así protegerla y cubrirla.
En prov. 31:21, se habla de la mujer virtuosa que está cubierta de vestiduras dobles, esto es cobertura pastoral que cubre localmente y cobertura apostólica que cubre a distancia, y esta es la bendición que Dios da a su pueblo, a los que se dejan vestir porque hay muchos que creen que con sujetarse a Dios basta, y no les gusta sujetarse a los que han sido delegados para este privilegio tan maravilloso.


EL MINISTRO ES EL QUE PONE EL VESTIDO, NO ES EL VESTIDO.
En Mateo 22:11-13, nos relata la Biblia de un hombre que entra a una boda pero que no está vestido con traje de boda, y lo tienen que sacar los siervos (ellos saben quienes están cubiertos), para poden entender ésta parábola tenemos que conocer de una antigua costumbre judía: en una boda los que se casaban tenían ropas especiales diferentes a todos, pero en la puerta (que es Cristo), estaban los siervos (los ministros), con trajes que el novio proveía para todos los invitados y esto era como un distintivo a los que verdaderamente habían sido invitados, y así como este hombre es sacado por no dejarse vestir, de igual manera muchos serán sacados de la fiesta, porque no es a la entrada que se piden cuentas si no que es al final donde se dará el castigo de la iniquidad a todo aquel que no se dejó vestir.

EJEMPLOS DE COBERTURA:
Cita
Personaje
Significado De Cobertura
Elemento
Gén. 3:21
Adán y Eva
Reconciliación
Pieles
Gén. 27:14
Jacob
Bendición
Piel-vestido
Gén. 37:3
José
Misión
Túnica
Ex. 28:41
Aarón
Sacerdocio
vestiduras
Ester  2:17
Esther
Preparación
Silicio
Zac. 3:3
Jesús
Justificación
Vestido de gala
Lucas 15:30
Pródigo
Fiesta
De gala</TBODY>

Gén. 3:20-21 ADÁN Y EVA, VESTIDURA DE RECONCILIACIÓN.
Dios los viste con túnicas de pieles porque ellos habían pecado y habían perdido la cobertura de luz que tenían al principio y que les permitía andar desnudos sin que se avergonzaran, y al pecar los sacan del paraíso y les dan otra cobertura que les permitía tener relación con Dios, pero que no fue de igual manera que en el principio. Cuando una persona peca y se sale de cobertura, puede ser restaurada totalmente pero lleva un proceso donde se tiene que demostrar un verdadero arrepentimiento y fidelidad. 2. Gén 27:4 JACOB: VESTIDURA DE BENDICIÓN. A Jacob le ponen la piel de cabrito (que es Cristo), sobre su cerviz (su voluntad) y sobre sus manos (sus obras), pero también se dejó cubrir con el vestido de su hermano Esaú, el tenía doble cobertura, y en los versos 26-29 vemos que el Padre lo besa y cuando siente el olor de los vestidos de su hermano entonces recibe LA BENDICIÓN, tendrás trigo = palabra profunda, vino = gozo y restauración familiar, tendrá amor, serás príncipe etc. En los versos 38-40 vemos que a Esaú le dan una CONDICIÓN, más que una bendición, y esto es figura QUE AL PUEBLO DE ISRAEL LE CORRESPONDÍA LA BENDICIÓN PERO COMO NO QUISIERON NOS DIERON A NOSOTROS LOS PACTOS Y LAS PROMESAS. 3. Gen. 37:3 JOSÉ: VESTIDURA PARA MISIÓN. A José lo cubren con vestidos de mangas grandes, como consecuencia de haber nacido en la vejez, quiere decir en la época de madurez esto es los últimos tiempos que empezaron cuando Cristo resucitó de la tumba y del lago de fuego, o sea que a nosotros nos tocó la bendición porque vivimos al final de los últimos tiempos. En el verso 2 dice: que era pastor y todavía no tenía cobertura por eso se quejaba de sus hermanos (la iglesia de la cual estaba al frente), pero después que lo visten vemos que hace las cosas alegremente, a José lo visten 2 veces, el Padre para supervisión y el faraón para reinar también lo desvisten 2 veces, sus hermanos por envidia, y la Potifara por el sexo (2 enemigos de la cobertura). 4. Ex. 28:41 AARÓN VESTIDURAS DE SACERDOCIO. A Aarón lo viste Moisés para que ejerza el sacerdocio sobre el pueblo de Israel, esa era la voluntad de Dios, pero al final de sus días vemos que le son quitadas en público por pecar y no confesar su pecado, lo peor que nos puede pasar es que pequemos y no nos pase nada, entonces Dios lo cobra todo junto. 5. Esther 2:17. ESTHER VESTIDURA PARA CASARSE. A Esther le da el Rey la vestidura que le correspondía a Vasti y ahora ella es la elegida para casarse con el rey a causa de su fidelidad, pero vemos que se casa después de seis meses de estar mirra (sufrimiento, prueba) y seis meses de estar en perfumes (consagración bonanza), lo que le pasará a la novia en la parusía del Señor Jesús. 6. Esther ESTHER SE VISTE DE PURIFICACIÓN: Esther se viste de silicio y durante este tiempo no mira al Rey , está es la etapa de preparación para casarse en la cual ella tiene que sufrir y demostrar su fidelidad y consagración hasta el momento del llamamiento del Rey para la boda con el amado. 7. Zac. 3:3 JESÚA, VESTIDURAS VILES. Vemos al Sumo Sacerdote Jesúa que está vestido de vestiduras viles, o inmundas, esta es la vestidura que quita toda acusación a nuestra vida y ahora lo visten de gala y ésta vestidura es para nuestra justificación. 8. Luc. 15:30 HIJO PRÓDIGO, VESTIDURA DE FIESTA. Vemos al hijo pródigo que se sale de la cobertura y se va a la pocilga y al darse cuenta de su condición, regresa a su casa y lo restauran (no es de inmediato, lleva un proceso), y entonces lo visten para la fiesta, esto quiere decir que sin cobertura no se tiene fiesta. En la Biblia vemos también a Filemón que cubría a Onésimo, a Elías que cubre a Eliseo, Pablo viste a Timoteo, grandes hombres de Dios que eran dignos de imitar, y para ello la oveja debe de considerar y examinar al ministro que tiene como líder y mirar el final de su fe, Heb. 13:7. También debemos de considerar que hay malos ministros, ciegos que son guías de ciegos, o sea ministros que se apacientan a sí mismos, NOSOTROS DEBEMOS DE TOMAR LA ACTITUD DE RUTH, QUE SABÍA QUIÉN ERA Y QUIÉN LA CUBRÍA, Rut. 3:9. Hay 3 categorías de siervos:

§  Los ministros primarios que visten
§  Los edificadores que ayudan
§  Los edificados.


LOS MINISTERIOS SON CIUDADES DE REFUGIO, SON UN REGALO DE DIOS PARA LA IGLESIA, SEAMOS AGRADECIDOS Y PERMANEZCAMOS EN LA COBERTURA QUE DIOS NOS HA DADO. 

Amor o Lujuria

  AMOR O LUJURIA Rom 13:13 Lujuria : (del latín luxuría) Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleit...